Entradas

Las flores del flaco. Diario de una pandemia.

Imagen
Nunca he tenido grandes respuestas respecto a casi nada y las que pude dar fueron ejemplos de otras que me marcaron de chico. Sin embargo hay una necesidad imperiosa de poner en palabras  algo de todo este vértigo virtual que nos asedia con obligaciones laborales a distancia y algo de toda esta reclusión obligatoria que nos ata y que nos limita por nuestro lado social más vulnerable. El de los afectos. Hace unos días leía una nota en la que Mariana Enríquez hablaba de la falta de respuesta frente a una realidad en la que las certezas parecen no abundar. La autora de “los peligros de fumar en la cama” rotulaba con la palabra “ansiedad” una desilusión insoluble, durante y constante en este impredecible tiempo. Hay una pesadez desconcertante que pareciera mantenernos alerta. Las palabras de Mariana Enríquez me hacen pensar en el argumento de alguna serie exitosa. El enemigo invisible que busca un cuerpo donde instalarse. Caos social. Emergencia sanitaria. Comparto la ansiedad...

Los restos mortales

Imagen
 Rígido. Envuelto en una manta y sujeto por unas cuerdas. Me han atado y me han dejado sobre este carro. Un sol mortuorio da sus últimos bostezos leoninos antes de extinguirse en la lejanía. Nos entibia tristemente. El barquero tiene un sombrero y una capa negra como la noche. A unos metros mío sacude con violencia su látigo sobre el lomo de las cuatro bestias que alocadas corren por el último de los senderos. Nos dirigimos a Fort Morgan. A la morada final. Yo mismo se lo escuché decir a uno de los dos sicarios que aquí abajo nos conducen a destino. El carro se bambolea. Por momentos mi cuerpo da pequeños saltos pero no hay forma de caerme. Han tomado suficientes precauciones para que ello no suceda.  No estoy solo en este viaje. Desde aquí los escucho. Un francés, una dama religiosa y un cazador me acompañan. Yo estoy acá arriba porque sé. Ellos aún no, por eso se acomodan sus prendas y preguntan. Manso me entregué sin pensar aunque hasta hace un tiempo me haya empe...

Devoción

Imagen
La señora junto a su hijo, ambos llegaron acelerando el paso hasta la puerta del colegio. La portera, un preceptor y dieciocho escalones la separaron por algunos minutos de la presencia del director. Indignada, la mujer deshizo la bufanda que llevaba al cuello y la cartera que colgaba de su hombro. El hombre le preguntó qué la llevaba hasta la dirección del nivel secundario. El chico se había sentado junto a su madre, frente al escritorio del director y juntaba sus manos sobre sus rodillas, sus ojos atados al piso. La pregunta tenía razón de ser ya que la mujer no tenía hijos en el nivel secundario. El chico, su hijo que permanecía a su lado angustiado, cursaba el sexto grado en el mismo establecimiento. El director pensó en alguna disputa, en algún enfrentamiento entre niños de distintos niveles. No sería la primera vez que una madre justiciera se acercase al colegio para hacer saber que a su hijo lo habían golpeado o maltratado. El director estaba acostumbrado a estos casos y con el...

El cuento de la abuela Mari

Imagen
Crecí con los estereotipos que el cine de terror impondría para siempre en los ochenta. Los hijos de Linda Blair y el exorcista marcarían mi niñez: Jason, Freddy Krueger y los muertos que regresaban como zombis. Ese terror impuesto desde un VHS en la clandestinidad de mis noches cuando ya todos dormían me llenaría de pánico pero, al mismo tiempo, me quitaría perspectiva. Parecía quedarme lejos, a mis doce años, el terror al que mucho tiempo después le temería seriamente. Ese que no necesita de la inventiva de nadie para existir. Sin embargo, en aquel entonces, no había otras historias que despertasen mayor interés en mí. No a los doce años. Por eso cuando todos se juntaron en ronda debajo del parral del fondo mucho después del almuerzo, no me interesé y me perdí entre los árboles del fondo de la casa de mi abuela ¿Qué historia tan interesante podía estar contando la abuela Mari? Pensé ingenuamente en alguna anécdota de barrio o en algún chisme de la vecina o del vecino de enfrente....

Viaje de placer

Imagen
  Si hubiese podido contar esta historia hubiese empezado por la cuesta del ternero y el mirador de San Francisco de Asís aunque la tragedia se produjera después, a mitad del cañón, cuando se rompió la correa. A decir verdad nunca supe de qué correa estaban hablando. Néstor, el chofer, le dijo a María Emilia, nuestra coordinadora, que el problema estaba en la correa y ella lo repitió para que todos nosotros estuviésemos al tanto de lo que estaba pasando. Lo cierto fue que después de cinco horas en el micro, empezamos a sentir entumecido el cuerpo y con la falta de ventilación y una temperatura cercana a los cuarenta grados, el ambiente empezó a caldearse. Quedaban algo más de tres horas de viaje y según Néstor, era volver en esas condiciones o arriesgarnos a que el micro se detuviera quedándonos varados en el medio de la nada. En un principio nadie dijo nada. Sabíamos que el mal podía ser mayor, así que folletos en mano, comenzamos la mayoría, a ventilarnos para sobrevivir a la i...

Esa mujer

Imagen
Deberé decir, para ser justo, que la historia que comenzaré a contar no es mía. Me hubiese gustado pero no. Llegó a mis oídos a través de Martín, un amigo que tuvo la oportunidad de recorrer hace tiempo, parte del norte argentino. Para acercarme a ella y para tratar de resguardarla del olvido, he decidido  contarla como si me perteneciese, y así poder entender sus pormenores. Es difícil despegarse de la abrupta vehemencia con la que transitan nuestras horas. El apuro en el que inexplicablemente vivimos nos hace menos lúcidos. Por eso, siempre que las circunstancias lo permiten, huimos de la vorágine insalubre, de la vertiginosa rapidez con la que transitan nuestros días. Y a la lejanía donde voluntariamente nos recluimos llevamos toda nuestra imperfección mundana. Sin saber que nos pertenece la cargamos a cuesta hasta que nos encontramos con el virtuosismo de algún alma, que en la humilde sencillez con la que construye sus horas, “todo” lo tiene. Junto a Verónica, mi pareja,...

El juego de la copa

Imagen
-           Lore… ¿vos no me dijiste que las chicas volvían el domingo?   Estela se lo tuvo que preguntar dos veces porque Lorena estaba con los auriculares. -           Que si las chicas no volvían el domingo. -           Sí… el domingo vuelven. -           Qué raro porque la vi a Daniela en la vereda de su casa con su mamá. -           No puede ser…   Eso era lo que dijo Lorena, que no podía ser pero sin embargo ahí estaba su mamá confirmándole que Daniela estaba en la vereda de su casa. -           La salude y todo…   Lorena se volvió a poner los auriculares. Se calzó las zapatillas y le dijo a su mamá que volvía en un rato. Que iba hasta lo de Daniela para ver qué pasaba. Las...